
Enero 6.
Todo se pone cuesta arriba
Cuando todos piensan que hoy, martes 6 de Enero del nuevo año 2009, partiré para Curazao, mi nuevo destino de vida, estoy estancado en Valencia de nuevo; y la pregunta es ¿por qué de nuevo?
Pues bien, resulta que a mi salida de mi ciudad todo iba bien, salí temprano de mi casa y pude despedirme de mis padres de una manera tranquila para todos, me encontré a uno de mis mejores amigos en la estación de buses y me pude despedir de él también; el autobús, como era de esperarse, llenaba sus espacios de un agudo y estruendoso ritmo de vallenato del más tabernero que podríamos imaginar, pero como siempre, de este dilema, me salva mi apreciado MP3 player.
Durante el viaje pude disfrutar de un reparador sueñito, ya que entre tanta despedida y cosas no había podido dormir en lo más mínimo. Al llegar al descanso que generalmente hacen los buces camino a la ciudad de Valencia comenzó mi calvario. Recibo una llamada de mis empleadores de la ciudad de Curazao, a los cuales muy cortes y alegremente les contesto que todo va bien hasta ahora, que si Dios y Buda están conmigo llegaré a la ciudad de Valencia aproximadamente a las 10 de la mañana; justo en el momento en que cuelgo la llamada y me acerco a mi respectivo bus, me encuentro a su chofer metido debajo de este lleno de grasa y martilleando que se yo debajo del vehículo. Preguntando, me entero que el “no sé que” del bus se daño justo cuando nos estacionamos y que intentarán arreglarlo; esto se demoró una hora, pero siendo positivo por lo menos pudimos arrancar de nuevo.
Llegue a mi destino a las once y algo de la mañana pensando que podría lograr llegar al aeropuerto antes de las doce del medio día, que era la hora en que partía mi vuelo. Bajándome como una tromba del bus recogí mi maleta apartando a viejitas, niños y mujeres de mi camino, lo cual no me enorgullece pero debía de hacerse; salí de la estación a esperar que una amiga me diera la cola, la cual estuvo ahí a los veinte minutos. Logré llegar al aeropuerto de la ciudad de Valencia a quince minutos para las doce, para encontrarme con que no había nadie en las oficinas de atención al público de mi aerolínea.
En esta “desesperante” espera por la “muchacha” que atendía, las personas hicieron la “colita” dentro del terminal internacional para embarcar (cosa que no he entendido nunca ¿no debería de ser “avionar”? disculpen, comentario estúpido) con destino a Curazao. Como ya se imaginarán, vi como mi avión aceleraba sus motores y despegaba de suelo venezolano: Perdí mi vuelo.
Como nada puede ser tan malo, la persona que me dio la cola es amiga de mi prima que vive en esta ciudad y por mera casualidad de la vida, mi primo, quien también vive en esta ciudad, se encontraba en el aeropuerto haciendo uso de los telecajeros que allí se encuentran. Mi primo me ofreció hospedaje y mi prima y su amiga me brindaron compañía mientras me encontraba varado en la ciudad.
Tomo todo esto como una ironía del destino, ya que dicen que las cosas grandes llevan muchos obstáculos para alcanzarse, lo que nunca me imagine fue que fueran de este tipo; pero al final de cuentas mañana tengo que llegar al aeropuerto temprano para ser apuntado en el próximo vuelo… de que me voy me voy.
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